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Resumen

La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta cada vez más presente en la escritura académica y científica. Este texto reflexiona sobre sus posibilidades, limitaciones y dilemas éticos, y plantea la importancia de mantener la transparencia, la responsabilidad autoral y el criterio humano en la divulgación científica.

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No cabe duda de que vivimos inmersos en la era de la inteligencia artificial. Por su novedad y su enorme alcance, esta tecnología ha colocado a quienes escribimos en una situación, digamos, un tanto desconcertante. Por un lado, nos facilita la vida al resolver problemas con gran rapidez; por otro, abre preguntas profundas y, a veces, inquietantes.

Ilustración sobre inteligencia artificial, preguntas y generación de respuestas

Como bien sabemos, el lanzamiento público de herramientas como ChatGPT en noviembre de 2022 despertó un gran interés entre la población. Junto con ese entusiasmo también surgió una sospecha, no del todo infundada: la posibilidad de que la inteligencia artificial llegue a sustituir al ser humano en diversas funciones, aunque aún no sepamos en cuántas ni en cuáles. De ahí emergen debates sobre honestidad, ética, autenticidad y nuestra creciente dependencia de las máquinas.

En un inicio, especialmente dentro del ámbito académico y científico, predominó cierto recelo. Se decía que la IA no siempre es confiable, que puede cometer errores, inventar datos o reflejar sesgos, y que incluso podría amenazar la creatividad humana. Por ello, muchas personas dudaban en aceptarla como una herramienta legítima de apoyo en sus tareas.

Ilustración de ChatGPT y los dilemas éticos asociados con el uso de inteligencia artificial

Sin embargo, con el paso del tiempo, la inteligencia artificial ha ido ganando un lugar relevante en distintos aspectos de la producción escrita: desde la organización de ideas y la mejora de la redacción, hasta la elaboración de resúmenes, traducciones y respuestas a preguntas. Incluso, para algunas personas, se ha convertido en un interlocutor en la solución de dudas cotidianas.

Naturalmente, este fenómeno no se ha detenido ahí. Hoy en día, numerosos manuscritos publicados en todo el mundo cuentan con algún grado de participación de la IA, lo que ha generado preocupación en distintas editoriales, incluidas las de contenido científico (European Journal of Pain,https://doi.org/10.1002/ejp.4736).

Ilustración sobre creatividad humana frente al uso de inteligencia artificial

La confiabilidad, los sesgos y las llamadas “alucinaciones” de estos sistemas han motivado advertencias en revistas de alto prestigio (Nature, https://www.nature.com/articles/d41586-026-00969-z).

En respuesta, varias editoriales científicas han establecido políticas sobre el uso de la inteligencia artificial. Estas van desde solicitar que los autores declaren su uso, hasta prohibirlo por completo en ciertos contextos.

Diversas editoriales han atendido las recomendaciones de la Comisión de Ética en la Publicación (COPE), una organización internacional que promueve la integridad y las buenas prácticas en la publicación académica. Entre sus lineamientos destaca como principios éticos que los autores declaren de manera explícita si han utilizado herramientas de IA, ya sea en la redacción, en la generación de imágenes o en el análisis de datos, especificando cómo y para qué se emplearon. Esta información debe incluirse en la metodología, en los agradecimientos o al calce de un manuscrito (COPE,
https://doi.org/10.24318/cCVRZBms).

Ilustración sobre el recelo inicial hacia el uso de inteligencia artificial en la escritura académica

La divulgación científica promueve una comprensión más profunda y, al mismo tiempo, crítica de la ciencia contemporánea, con el propósito de contribuir al bienestar social e impulsar una relación más consciente con el entorno y con la vida en el planeta. En este contexto, la IA debe asumirse como una herramienta al servicio de estos objetivos, y no como un sustituto de la mirada ni del criterio humanos.

Infografía sobre divulgación científica y uso responsable de inteligencia artificial

Conviene recordar que la capacidad humana de imaginar, cuestionar y proponer ideas originales sigue siendo insustituible. La ciencia avanza precisamente gracias a ese rasgo humano de buscar la respuesta a nuevas preguntas que la IA no tiene la capacidad de formular.

Una revista como Átomo × Átomo no es ajena a la IA y no se opone a su uso —sería poco realista hacerlo—, pero sí considera fundamental la transparencia y el apego a los principios éticos correspondientes.



Declaración sobre el uso de inteligencia artificial:
Este texto contó con apoyo de inteligencia artificial (ChatGPT) para la corrección de estilo y redacción.

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